La evolución bascula entre dos principios, uno fundamental y transversal, de la elasticidad que siempre construye o "voluntad divina", mermando y exacerbando fractalidades y en donde las emociones se convierten en importantes catalizadores para mermar o exacerbar fractalidades, y otro secundario y vertical, un aditivo, que se sustenta en el principio de que en los sistemas elásticos siempre se favorece a las partes más resistentes de la estructura y que busca la optimización del sistema y que se basa en la selección de los ejemplares más fuertes-aptos para evitar enfermedades o deterioros, en este sentido la evolución juega a nuestro favor. El proceso evolutivo es muy semejante al algoritmo informático llamado de "ramificación y poda" que alterna la transversalidad de la ramificación y la optimización de la poda.
Ni la selección natural ni la lucha por la supervivencia son el motor de la evolución, y ni hablar de las supuestas mutaciones azarosas constantemente seleccionadas por una también constante e inclemente selección natural. La sucesión de los hechos es o puede parecer la misma para un observador externo pero el contenido del relato es muy diferente para un conocedor interno. Darwin cometió el error de extrapolar la impredecible apariencia plástica derivada del proceso de domesticación con supuestas mutaciones azarosas que serían seleccionadas con posterioridad por el granjero de turno ocupando el lugar de una inclemente y constante selección natural, cuando el gran Dmitry Belyaev demostró que es una cuestión ontológica relacionada con el reajuste bioquímico del circuito que regula la hormona del estrés.
Las emociones, que manan de la ciencia del volumen (cohibición-exacerbación), son potentes catalizadores para mermar o exacerbar fractalidades y son, por tanto, importantes agentes evolutivos y ontológicos. Tal y como demostró Dimitri Belyaev, durante el proceso de domesticación se reducen significativamente los niveles de estrés en las especies (emociones referentes a la ira, el miedo o la alegría) induciendo importantes cambios fenotípicos aparentemente caprichosos o azarosos, a partir de los cuales Charles Darwin construyó erróneamente su teoría evolutiva basada en las supuestas mutaciones azarosas seleccionadas por el granjero a modo y en sustitución de la incesante selección natural.
Un pelo puede ser un futuro de un diente, de hecho muchas personas que tienen problemas de queratina en el pelo suelen tener también problemas de caries en los dientes. Y un pelo puede ser como una hoja de un árbol, una nueva fractalidad generada por metástasis (ciencia del volumen).
Muchas veces en nuestra historia vital pasamos por situaciones traumáticas, estresantes o extremas que nos dejan secuelas fenotípicas o mayores habilidades de supervivencia que a la larga se convierten en una ventaja evolutiva en caso de competencia. Lo mismo acontece en la historia de los seres vivos, de las plantas y de los animales, como por ejemplo los pinchos desarrollados por algunas plantas y que a la larga se convirtieron en una ventaja evolutiva, como las espinas de las zarzas.
Los cultivadores de pimientos de Herbón conocen y saben que los cambios bruscos de clima y de temperatura son los causantes del estrés en las plantas con la consecuente segregación de la capsaicina responsable de que piquen los pimientos. Los pimientos de Herbón se enfadan y en este sentido no hay mucha diferencia entre las relaciones bioquímicas que dieron lugar a los pelos urticantes de las ortigas, al aguijón de las abejas o a los cuernos de las vacas, todos ellos mecanismos de defensa provocados por el estrés de los que están en el lado de los que se tienen que defender de los depredadores.
En el caso de los virus, por su tamaño microscópico, los procesos de transversalidad y de optimización casi se confunden el uno con el otro llevándonos a la conclusión errónea de que su evolución se sustenta en mutaciones azarosas por selección natural, sin embargo en los virus las aparentes mutaciones azarosas responden o surgen de un proceso constante de optimización del ensamblaje tipo "llave-cerradura" que se traduce en elasticidad-adaptabilidad-transversalidad, es decir que un virus tenga la capacidad de deshacerse y de rehacerse constantemente (adaptabilidad-elasticidad-transversalidad) implica al mismo tiempo un proceso de optimización increscendo.
En los virus, por tanto, no son las mutaciones azarosas la clave de su éxito evolutivo sino su capacidad constante de mejora y optimización de los mecanismos de ensamblaje, lo que se traduce a todas luces en elasticidad que luego es favorecida de manera clásica darwinista. Son procesos tan próximos debido al tamaño nanoscópico de los virus que nos lleva a pensar que el proceso de ensamblaje-optimización-elasticidad y el proceso de promoción-selección darwinista se confunden y se unifican y se simplifican en un mismo fenómeno biológico, esto es, supuestas mutaciones azarosas que favorece la selección natural.
En los seres vivos existen multitud o múltiples relaciones bioquímicas o genéticas que constituyen auténticos futuros esperando a ser exacerbados y que no tienen ninguna expresión externa o fenotípica. Pasamos de las mutaciones azarosas elegidas por la jodida y darwiniana selección natural como único y genuino motor evolutivo, según Charles Darwin, a una variabilidad azarosa, para rematar finalmente en la presencia de relaciones bioquímicas afuncionales que constituyen auténticos futuros o historias funcionales exacerbadas por la "voluntad del ser" o "lo que se come se cría", como verdadero motor evolutivo. En este sentido, del mismo modo que cambios en el ambiente pueden activar futuros o relaciones bioquímicas afuncionales y convertir relaciones bioquímicas afuncionales en funcionales, cambios en el comportamiento pueden también activar relaciones bioquímicas o futuros, y de este modo la "voluntad del ser" encuentra el camino para desplegarse o desenvolverse con total naturalidad entre un abanico de posibilidades, lamarckismo en estado puro o "lo que se come se cría".
El "Darwin day" debería ser un funeral, qué concepción más desastrosa y nazi de la vida puede surgir de la selección natural. Lo edulcores como lo edulcores siempre será el autor del libro "Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida" y eso no tiene perdón de Dios, y pudiéndolo titular On the Origin of the Species by Means "lo que se come se cría, Lamarck dixit". ¿Y ahora qué hacemos para remendar el error? ¿Ha vuelto Dios? ¿Le ponemos a los alumnos el disco de Rosalía? ¿Quemamos los libros de Charles Darwin?
Los matices son importantes, azar versus transversalidad. Azar frente a la "voluntad divina" de la elasticidad que siempre construye, generando una topografía de futuros o futuribles. Arrancamos historias a nubes de elasticidad porque la elasticidad siempre construye, pasados que construyen futuros y futuros que construyen pasados, tal que el dios Jano de la masonería.
Si hay una "voluntad divina" o elasticidad que siempre construye y que busca la mayor adaptabilidad en el pezuño de un gamo para acomodarse a su tipo de pisada, es también esperable esa misma adaptabilidad con el entorno en el caso de los insectos palo o insectos hoja. Exacerbar o mermar fractalidades como un cerebro. El pasado construye futuros y el futuros construye pasados como el dios Jano.
¿La vida es azar? ¿la vida tiene un plan? La respuesta es sí y no. Se puede decir que existe cierto margen evolutivo o inteligencia evolutiva y cierta voluntad evolutiva. Frente a la teoría de las mutaciones azarosas seleccionadas por una inclemente, constante y puñetera selección natural, existe una cierta "voluntad de ser" o "hedonismo evolutivo", dentro de las posibilidades de los pasados acumulados y los futuros que dichos pasados puedan llegar a construir. Realmente no existe un plan diseñado pero sí unas historias que se construyen en base a unos pasados y sus posibilidades de desarrollo en posibles futuros en función de las circunstancias del medio o del entorno. La vida es una historia que, como un río, consiste en exacerbar y mermar fractalidades o jerarquías frente a las mutaciones azarosas del darwinismo y su puñetera selección natural.
© Marcos Castro Vilas, arquitecto


